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ABORTO - Noviembre 2000.

CENDOC - CIDHAL.

Nuestros cuerpos, nuestras vidas *

Abortos con complicaciones: un estudio exploratorio en un hospital de Buenos Aires

Ramos y Viladrich (1993: 64-67) estudiaron la dinámica asistencial de un hospital público en Buenos Aires. Ellas centraron el estudio en la relación entre los profesionales y el personal del servicio, y las mujeres internadas por complicaciones de aborto.

Encontraron que en la consulta de reconocimiento "en su mayoría, las mujeres niegan la realización de maniobras abortivas y sostienen su 'inocencia', con el argumento de que desconocían su situación de embarazadas. Esta negación se debe básicamente a dos motivos: por un lado, el temor a la denuncia policial ya que tienen una gran incertidumbre de cuál será el precio que deben pagar por haberse provocado un aborto. Por otro lado, temen también la sanción moral e ideológica que recae sobre el aborto y de la cual los profesionales y el personal que las atiende son portavoces".

Las autoras dicen que "el servicio de salud muestra más preocupación por "preservar el embarazo" y "saber la verdad", que por asistir a una mujer en situación crítica. Las amenazas de aborto son entonces tratadas para retener el embarazo, independientemente de la voluntad de la mujer. Los abortos en curso son completados con legrados, luego de investigar qué tipo de maniobras abortivas se utilizaron". Afirman que el "engaño de las mujeres" (el hecho de ocultar las maniobras abortivas), perturba a los profesionales porque asume una negación de la colaboración para con ellos. Esta situación subvierte los parámetros básicos de la relación médico-paciente. La ausencia de colaboración paciente-médico coloca a los profesionales en la situación de sentirse manipulados por mujeres que demandan su curación (léase legrado), en situaciones sobre las que no disponen de información suficiente para evaluar las consecuencias de sus actos asistenciales y en las cuales el aborto aun puede evitarse". Observan que "los profesionales también se sienten amenazados por la sanción legal, es decir, por la ley que criminaliza su complicidad con aquellas mujeres que recurren a las prácticas abortivas. Por ello, no efectúan el legrado hasta que no resulta absolutamente necesario desde el punto de vista clínico". Concluyen que "la atención a las mujeres que sufren de complicaciones por un aborto inducido, debe sortear los obstáculos propios del "clima ideológico" en el que la institución intenta resolver el problema médico.

La necesidad de la confesión, coloca a las mujeres ya los médicos en una compleja negociación afectiva que implica tiempo y supone que hay alguien que acusa y otro que se defiende".

 

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* Nuestros cuerpos, nuestras vidas. New York: Siete Cuentos, 2000, el apartado. El aborto. pp. 413-440.

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