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ABORTO - Noviembre 2000.

CENDOC - CIDHAL.

Memoria del primer encuentro latinoamericano de periodistas sobre derechos sexuales y reproductivos *

Palabras de bienvenida 3 de septiembre de 1997

Yo retornaría el final de lo que dijo Patricia Mercado: una defensa política eficaz de los derechos sexuales y reproductivos -entre los cuales el aborto es uno de primer orden, pero no el único-, depende de un mayor trabajo en lo discursivo. Si entendemos lo discursivo como lo que se dice y la manera en que se expresa, se requiere un nuevo discurso democrático. Por lo menos en nuestra región, América Latina y el Caribe, todos los grupos están interesados en construir un modelo democrático; interesados en que los países hagan esa transición a la democracia y algunos que la consoliden; e interesados en comprometer a otros sectores que no sean sólo las mujeres o las feministas, las mismas de siempre. Esto requiere una paciente traducción de viejos parámetros de identidad a nuevos conceptos, y a la integración de un contenido democrático de estos derechos sexuales y reproductivos, demostrando cómo tiene esto que ver con una concepción de ciudadanía moderna.

Yo pienso en un discurso laico, democrático e informado que se va a oponer sistemáticamente, de una manera no confrontativa, a lo que no parece que es el gran enemigo: el fundamentalismo. Para nuestra región, cuando hablo de fundamentalismo, quien lo encarna es el Vaticano y cada país sabe la fuerza o el peso que tiene el Vaticano en la Iglesia católica nacional- y en una serie de grupos aliados de la oligarquía, de los grupos Provida, de los Caballeros de Colón, del Opus Dei, de los Legionarios de Cristo, etcétera.

Es muy importante distinguir la institución religiosa de la religión en sí misma. También sabemos que gran parte de nuestros aliados son sacerdotes y monjas, y personas católicas abiertas, comprometidas con las causas de las mayorías y del pueblo. Hay una Iglesia que no está cerca de las posiciones jerárquicas del Vaticano, y debemos tener un discurso lo suficientemente cuidadoso para designar que son los pensamientos, posiciones, declaraciones y acciones fundamentalistas (que vienen desde Roma y llegan a cada país por diferentes canales), y diferenciarlas de las de las demás personas católicas y creyentes. Creo que una de las grandes organizaciones en América Latina es "Católicas por el Derecho a Decidir". Estamos viendo cómo esta gran aliada está trabajando en Uruguay, Brasil, México, y ahora también Bolivia. No sé si en otros países. Católicas por el Derecho a Decidir está enfrentándose desde dentro -con un discurso feminista, democrático y respetuoso-, a este gran poder que sigue siendo la Iglesia católica para nuestra región (me refiero a América Latina básicamente, aunque el Caribe está presente), porque en términos ideológicos y culturales, el peso del catolicismo es mucho más fuerte en la parte hispana, -además de Brasil- en América Latina.

Uno de los mejores ejemplos de cómo traducir estos nuevos conceptos que queremos transmitir y que pasan por el pluralismo, el respeto a la decisión de cada quien y la tolerancia, y cómo esto tiene que ver con una ciudadanía moderna, lo ha hecho precisamente esta organización de Católicas por el Derecho a Decidir. Yo me acuerdo que observé aquí en México un cartel maravilloso, con una imagen estilizada en donde se veía a la Virgen María y al Arcángel descendiendo, que decía: "La Virgen María también fue consultada para ser Madre de Dios, decidir es derecho de todas". Creo que debemos utilizar parte de la ideología católica, que en nuestros pueblos ya está entretejida con nuestra cultura, y relacionarla con cuestiones muy populares, y poder detectar ejemplos de respeto a la decisión de los demás; ése es uno de los ejes fundamentales del trabajo discursivo que tenemos que hacer.

Otro asunto importante es entender -y es una de las cosas que trae consigo la democracia-, que entre los grupos que pensamos que la mejor manera de resolver el problema de los embarazos no deseados es interrumpiéndolos, y los grupos y personas que piensan que esos embarazos se tienen que aceptar, no va a haber, -y no ha habido en ninguna parte-, un proceso de discusión racional y de convencimiento. Partimos de paradigmas absolutamente distintos y excluyentes, y pienso que es crucial el hecho de poder enfrentar a nuestros adversarios y demostrar como se hizo en Italia cuando se legalizó el aborto con todo y Vaticano, o en España o en Francia que son países católicos-, que aunque ellos piensen así y normen sus vidas así, hay una sociedad mucho más amplia. Sobre esto hay mucho trabajo en todas las organizaciones que participan en la campaña, y queremos demostrar que hay una mayoría silenciosa que está por otro tipo de legislación, por otro tipo de manejo ante el problema de los embarazos no deseados.

Esto nos lleva a un punto muy importante. En México -no sé en las demás experiencias- es necesario salirnos de la trampa del discurso de "vida sí o vida no". La derecha, Provida, y la Iglesia católica nos han estado llevando todo el tiempo a su terreno para discutir, desde su visión de los valores y desde sus paradigmas, situaciones que nosotras vemos desde otra perspectiva.

El punto no puede ser "vida sí o vida no". El asunto pasa por la calidad de vida, en todo caso; pasa por un derecho a la decisión de las personas involucradas. Esto tiene que ver con una construcción del sujeto mucho más moderna, en la que el ser humano tiene las riendas de su propia vida y no va a estar esperando a que Dios le mande todos los hijos que quiera o el castigo que se merece...

Yo creo que tenemos que desentramparnos de ese juego con mucho respeto, diciendo: "Tenemos un paradigma distinto al de ustedes, para nosotras ese no el problema; el, problema no es vida sí o vida no", el problema es la mujer que en este momento está viviendo un embarazo no deseado, y que no tiene una sociedad o un gobierno que la va a apoyar , a mantener al producto de ese embarazo, o a garantizarle lo necesario para su sobrevivencia. Ella es la responsable y ella debe tomar la decisión. Y eso nos regresa a la cuestión de la auto-determinación.

Tenemos que reivindicar la autodeterminación sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas de una manera no confrontativa, con argumentos basados en la ciencia. Contamos en ese sentido con la información que brinda la neurología, desde una perspectiva evolucionista, para que sin la menor culpa podamos fundamentar que interrumpir un embarazo antes de los tres meses -cuando la actividad neurológica empieza a partir del quinto, sexto o séptimo mes-, está dejando un margen amplísimo para que ese embrión no tenga ni la menor sensación, ni dolor, ni ninguna de las cosas truculentas que los grupos Provida se han dedicado a impulsar y a transmitir.

Debemos tener claridad sobre nuestros instrumentos ideológicos. Nos hemos apoyado en el concepto de democracia. Democracia no quiere decir que todas las personas piensen igual; quiere decir que las personas se van a dar formas de gobierno y de convivencia en donde se va a tomar en cuenta lo que diga la mayoría. En la base siempre estarán minorías en conflicto y hay que aprender a vivir con el conflicto. Yo no voy a convencer a la jerarquía del Vaticano, ni al Opus Dei, ni a Provida con mis argumentos laicos, científicos, feministas con respecto al aborto. Voy a respetar el que ellos exijan el dogma a sus fieles, y, claro, con toda mi terquedad, voy a estar marcando la irracionalidad de muchas de sus prohibiciones. De la misma manera que el Vaticano prohibe el divorcio y los católicos se divorcian; igual que prohibe los anticonceptivos y muchos católicos usan anticonceptivos; de esta misma forma va a ocurrir con el aborto y está ocurriendo, porque todas las personas, hombres y mujeres aquí sentados, sabemos que en nuestros países el 80% de las mujeres que abortan están adscritas a la religión católica, porque es la religión mayoritaria.

A pesar de las amenazas y del pecado, las mujeres latinoamericanas están abortando, y tenemos que ofrecerles una nueva forma digna, legítima, de entender lo que están haciendo. No discutir sí es pecado o no. Es pecado para el Vaticano, para nosotras no: para nosotras es la afirmación de un derecho ciudadano democrático, y tenemos que convencer a nuestros políticos y a nuestros representantes parlamentarios para que empiecen a integrar en sus agendas y sus discusiones este derecho a la autodeterminación, que es base de una ciudadanía moderna en materia sexual y reproductiva.

La vanguardia del pensamiento intelectual en el llamado primer mundo -en Europa, en los países escandinavos, en Canadá, en Estados Unidos-, y en los grupos elitistas de intelectuales en nuestras universidades en América Latina, está librando una batalla por el reconocimiento del multiculturalismo y la pluralidad, una batalla contra las esencias, contra esta idea de lo "natural". Creo que tenemos que recurrir a estos ámbitos para fundamentar nuestra lucha con otro tipo de argumentos que son absolutamente útiles y congruentes con la lucha que queremos dar. Por eso creo que la cuestión del discurso, de lo que se dice, es fundamental. Debemos tener un discurso muy firme, muy moderno, un discurso que no hace concesiones y un discurso que, además, no se avergüenza de estar reivindicando algo que evidentemente va a traer muchísimo bienestar y va a atenuar el dolor que viven las mujeres que enfrentan la difícil decisión de interrumpir un embarazo no deseado, en condiciones de ilegalidad, estigmatizaciód, sordidez, extorsión económica y riesgo a su salud. Ante la embestida ideológica del Vaticano y sus aliados, requerimos una actitud mucho más activa, más propositiva; se dice acerca de las estrategias de guerra, que la mejor defensa es un buen ataque. Hay mucho qué hacer desde los medios, con personas modernas, democráticas, comprometidas con la mayoría de las mujeres de nuestros países, con las más desfavorecidas que son las que viven el aborto en las peores condiciones. Me preocupa la llegada del Papa al Brasil, como me preocupa que llegará aquí a México.

América Latina es el último reducto que tiene la Iglesia católica. Tenemos que hacer un trabajo muy importante de concientización, que la gente entienda que puede seguir siendo católica, a la vez que tomar decisiones fundamentales para su vida basadas en la razón y la ciencia. En México grandes sectores son guadalupanos, pero una cosa es la fe y la espiritualidad, el vínculo con la religión, y otra cosa son las instituciones eclesiásticas con funcionarios que tienen ideas arcaicas, que en general son hombres, bastante mayores, con esquemas muy anticuados. Una cosa es la vivencia religiosa y otra obedecer mandatos irracionales. En este trabajo de desconstrucción, todo el material que produce "Católicas por el Derecho a Decidir" es importantísimo. Por ejemplo, cuando Juan XXIII tuvo que dictaminar sobre los anticonceptivos, supo que tenía que aceptarlos como una cuestión moderna: así como el hombre no nació con alas para volar pero anda en aviones; bueno, la ciencia y la técnica han producido las pastillas anticonceptivas, y fue la trágica muerte de Juan XXIII y luego la subida de Pablo VI, la que impidió que el Vaticano permitiera la anticoncepción. Pablo VI dudó y pensó: "Si empezamos a abrir las cosas el dogma se nos va a desmoronar".

Habría que recordarle al Vaticano que la espiritualidad de los seres humanos ha mantenido a muchísima gente con convicciones religiosas y con sentimientos religiosos, sin necesidad de este aparato arcaico y anticuado que es el aparato eclesial. Las reglamentaciones han ido cambiando a lo largo de los siglos y ha habido representantes de la iglesia que han hecho atrocidades --porque bueno, cuando se habla de Iglesia, también hay que recordar a la Inquisición, lo aterrador de haber apoyado al nazismo. Son errores humanos, de funcionarios de la Iglesia, pero que se arrogaron un poder que no les correspondía. En el terreno de la discusión del aborto, a con los grupos extremistas no es práctico debatir. En esos típicos programas donde ponen a una feminista y un representante de Provida, yo creo que ya no hay que sentarse con Provida a o discutir, sino decirles: "Señores, ustedes tienen otro paradigma, respetarnos su posición, háblenle a su clientela. A mí me interesa hablar y negociar , y llegar a un acuerdo social con las personas que pueden ser conservadoras, pero que entienden que no pueden imponer su moral personal al conjunto de la población".

En México, donde tenemos un partido muy conservador que es el PAN, a Patricia y a mí nos tocó discutir en la Cámara de Diputados con un panista sensato, Fernando Gómez Mont, que decía: "Yo en lo personal estoy en contra lo del aborto, pero me doy cuenta que mi partido no va a poder imponer su visión al conjunto de la sociedad". Bueno, por esa brecha es por la le que podemos avanzar, es por la que podemos negociar. Creo además, que sería un grave error que los medios de comunicación le dieran legitimidad a grupos fundamentalistas como la Provida -que realizan una práctica permanente de cerrar clínicas y de matar doctores-, esto es, que tienen una posición cerrada que no le permite dialogar. ¿En que consistiría una propuesta democratizadora respecto a derechos sexuales y reproductivos? En defender el ideal de valores y actitudes básicas vinculadas a lo que es la promoción de libertad social e individual, todo lo que tiene que ver con el progreso social y el es desarrollo de potencialidades personales.

La vocación democrática lleva a una defensa de la tolerancia y de la diversidad. Yo creo que el derecho al aborto es una conquista que se ha ganado en países más democráticos y con más tiempo de democracia, lo que tiene que ver mucho con la vigencia de los derechos civiles, políticos, sociales y humanos. Ese debe ser el contexto en el tema del aborto. No debemos olvidar, por un lado, todo lo que la ciencia y la tecnología nos han aportado, ni lo que tiene que ver con el eje de la democracia y la libertad de creencias. Cada quien tiene derecho a creer en lo que quiera. En México puede haber una mujer violada que por ley tenga el permiso para interrumpir ese embarazo, pero si es muy religiosa y no quiere, nadie la va a obligar. Pero entonces también hay qué defender el otro lado, y luchar contra la arrogancia de quienes hablan en nombre de una verdad única sin respetar la diversidad. Ese es el gran riesgo del fundamentalismo, que en nuestro continente se expresa a través de una jerarquía eclesiástica muy ciega que funciona a partir de dogmas .y que es incapaz de reconocer lo que las personas desean y necesitan.

Aquí surge también la responsabilidad de las y los periodistas que trabajan en medios, radio, televisión, etc. , para hacer esta articulación simbólica de ideas y de valores, para que los grupos sociales puedan empezar a cuestionar ya modificar su acción.

No sé si ustedes recuerdan, hará unos tres o cuatros años, en Irlanda, una jovencita que había sido violada -seducida por un amigo de la familia-, queda embarazada. El padre sabía quién era el responsable, pero no lo podía demostrar. En Irlanda no estaba legalmente permitido el aborto, ni siquiera por violación.

El padre le dice claramente a la policía: "Saben, me voy a llevar a mi hija a abortar a Londres y se me ocurrió que en el tejido del embrión que va a salir se puede sacar el DNA del violador y podemos checar con el sospechoso". La policía dice: "Sí, pero, ojo, como el aborto está prohibido en Irlanda, no le vamos a dar permiso de que usted vaya a Inglaterra a hacer abortar su hija".

Entonces se armó un escándalo en Irlanda. La chica declaró que si no le daban permiso de ir a abortar a Londres, ella se suicidaba. Ya partir de este caso se aceptó la causal de violación en Irlanda y se abrió la discusión sobre la legalización del aborto.

En ese caso el papel que tuvo la prensa fue fundamental, como también en 1976 en Francia con el famoso caso de Bobigny, una chica a la que la madre apoyó para ir a abortar después de haber sido violada. La prensa fue el gran apoyo. Es realmente muy emocionante saber que contamos con ustedes y tener el gusto de tenerlos aquí, a todos los y las premiadas. La gran batalla por la libertad, la gran batalla por ser personas al igual que los hombres, la tenemos que librar las mujeres en el ámbito de la sexualidad y la reproducción. Comentarios y preguntas de las y los participantes asistentes -Importante este trabajo de parte de las feministas, la capacitación de los periodistas y la postura de las Católicas por el Derecho a Decidir. Felicidades.

- El debate moral sobre el aborto no tiene salida.
- Hay países donde no hay debate.

Siempre está metiéndose la Iglesia católica con sus argumentos sobre la vida: que los que abortan son criminales o que es un homicidio. La gente de Provida son generalmente las mujeres más ricas e ignoran las carencias de la gente en los barrios.

- Grave problema con los compañeros varones al cubrir este tipo de temas; hemos avanzado en el debate de los medios sobre el tema del aborto, que se nos está planteando como un problema social, yeso es una buena entrada.
- El Opus Dei es aliado de algunos gobiernos conservadores.
- En algunos países prácticamente se obliga a los médicos a denunciar a las mujeres que llegan a los hospitales por causa de aborto.
- En relación al aborto ningún discurso es válido para toda la gente. 400 mil mujeres solas que abortaron tuvieron como pareja hombres. Esta paternidad que nadie objeta y frente a lo cual, por lo tanto, el tema de la equidad seguirá vacío de contenido "¿Entendemos la ética para castigar a la gente, para que la gente viva sufriendo, o para buscar la felicidad? El respeto entre nosotras es el respeto a la diversidad y, por lo tanto, a la felicidad. Demos un viraje a la concepción de la ética, porque la construcción de la masculinidad obliga a los hombres, día a día, a probar que no son homosexuales, a impulsarlos a la conquista, a la penetración, al embarazo pero sólo para jactarse de su capacidad de embarazar, no a asumir realmente el tema de la paternidad.

Revisando las estadísticas sobre el embarazo deseado en Europa, Estados Unidos y América Latina, Francia aparece con un 66% de embarazos deseados y un 18% de abortos; América Latina -en forma muy semejante a los Estados Unidos y al Japón-, aparece con el 30% de embarazos deseados y un 28 por ciento de abortos. Entonces, América Latina, con una legislación tremendamente penalizadora y con leyes que, digamos, no son de apoyo a la mujer, a la equidad, etc. promueve el embarazo no deseado y el aborto en malas condiciones. En cambio, en Francia, un país que tiene distinta legislación y distinto estatus para la mujer en el conjunto de la sociedad, que tiene una legislación tremendamente permisiva -llamémosla así-, los embarazos que existen son deseados y el aborto es mucho menos frecuente que en los países con penalización. Este es realmente el mejor ejemplo contra el discurso que dice que hay que penalizar más para que el problema del aborto en nuestros países de América Latina deje de ser un problema.

"En Chile, mi país, 358 mujeres están encarceladas por aborto. 117 de ellas fueron denunciadas desde los hospitales y creo que éste es un debate pendiente. Nos hemos planteado como una de las actividades de la Campaña del 28 de Mayo enviar una carta abierta a todos los directores de hospitales respecto de esta situación.

Creemos que estamos también obligadas a tener un discurso frente a ellos, porque es indudable que son fundamentalistas; pero también hay mucha gente temerosa, que recurre a estrategias de sobrevivencia dentro de los servicios médicos. En este sentido. También tenemos que abrir un debate muy amplio en torno a este problema.

"Marta Lamas -Es cierto que no nos debemos dejar arrastrar al terreno de la moral católica, pero sí plantear que hay una postura ética; y no solamente ligada con un problema de salud pública, sino también de justicia social y democracia. Éste es nuestro triángulo, sobre el cual construimos la argumentación en términos de un cambio en la legislación, lo que no obsta para plantear el objetivo final de que se acaben los abortos. Es decir, esperamos llegar a un nivel de desarrollo, de información sexual, de uso real de anticonceptivos, de muchísimas cosas, para que se acaben los abortos; pero para llegar a esa situación, necesitamos primero la salud pública, la justicia social y la democracia.

Creo que en el "que hacer" tendríamos que distinguir el "qué hacer" de quienes estamos involucradas con una campaña a largo plazo para la despenalización del aborto, y el "qué hacer" de nuestros aliados periodistas que tienen muchas otras cosas, y para quienes el aborto puede ser uno de sus tantos temas.

Por último, quiero señalar que en 1917, al término de la fase armada de la Revolución mexicana, lo primero que se hace es establecer unas leyes absolutamente anticlericales (no solamente para sostener la separación Estado-Iglesia, sino por toda la influencia liberal y socialista), porque querían desaparecer a la Iglesia. Esto llevó a México a una cruenta guerra religiosa que, alrededor de 1939 propicia que se vuelva a establecer una especie de relación con la Iglesia llamada modus vivendi.

Sin embargo es hasta 1991 -piensen ustedes, los demás latinoamericanos- que México quita esas leyes antireligiosas y permite una presencia legal de las iglesias, al tiempo que inicia por primera vez las relaciones diplomáticas con el Vaticano. En contraste, muchos de los países de donde ustedes vienen han tenido nuncio apostólico toda la vida, en tanto que para las mujeres mexicanas el Vaticano es la figura más cercana.

Este contexto político nos ha permitido mantener un nivel de distancia con la Iglesia. En otros países no ha sido tan fácil porque no han pasado por los casi 80 años en los que aquí estuvo prohibida la Iglesia: durante ese tiempo, curas y monjas no podían andar con hábitos en la calle (si bien lo hacían porque había tolerancia, legalmente no existían). Tomando esto en consideración, no es extraño que un grupo de feministas -en el que estábamos Patricia Mercado y yo- , hayamos decidido como estrategia, cuando vemos que se va a legalizar la presencia de la Iglesia, generar un grupo para enfrentar el desequilibrio comunicativo que se iba a dejar venir. Anteriormente la Iglesia tenía que moderar sus apariciones públicas, no salía tanto en la televisión por esta ilegalidad en la que se encontraba. De ahí que en el momento en que se termina la ilegalidad, hacia 1991, nos reunimos un grupo de feministas y nos preguntamos: ¿Qué vamos a hacer ahora que la Iglesia es legal y que va a estar acudiendo a la televisión ya la radio todo el tiempo para hacer declaraciones? Es lo que están viviendo la mayoría de ustedes, ¿no? Entonces decidimos crear GIRE, un grupo de información. Si el arzobispo da una declaración, le responde un grupo de la sociedad que dice: "Ésta es una versión, pero aquí hay otra". No les podemos pedir a los periodistas que formen grupos similares, pero sí les podemos pedir, como una estrategia, que localicen figuras claves que estén dispuestas a hablar en sus países y que cada vez que haya una declaración por parte de un jerarca de la Iglesia o alguna personalidad de Provida, encuentren ustedes una figura con peso en la sociedad, que pueda hacerlo. Obviamente que los procesos van a ser muy distintos, matizados por las circunstancias locales de cada país. Sin embargo, me gustaría que los trabajos tengan eso en cuenta; es decir, que podamos distinguir que no les podemos pedir a los periodistas, lo que les pedimos al movimiento o a las ONG -aunque muchas periodistas puedan ser feministas, o provengan de ONG-,

Y tratemos de pensar en qué instrumentos y qué propuestas les podemos dar a los compañeros y compañeras periodistas para que puedan, como aliados, hacer mejor su trabajo. Será importante distinguir estas dos estrategias.

 

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* Memoria del primer encuentro latinoamericano de periodistas sobre derechos sexuales y reproductivos (1997: sept. 3-5, México, D. F.)

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