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ABORTO - Noviembre 2000. |
CENDOC - CIDHAL. |
Género y Derechos Humanos
*Reflexiones desde el derecho sobre los contenidos de una ley que regule las nuevas técnicas de reproducción
Sandra Fodor.
Quisiera, a modo introductorio, contarles que sucesos me sirvieron de disparadores para encarar el presente trabajo de la forma en que lo he hecho.
Como operadora del derecho, analizo aquí lo que en nuestra jerga se llama "una laguna legal", es decir, temas sobre los cuales no hay legislación alguna.
Obviamente, la trascendencia de las Nuevas Técnicas de Reproducción obligan a su tratamiento legislativo, tratamiento que algún día desembocará en la promulgación de un ley.
Mientras en mis pensamientos en forma muy difusa me preguntaba que legislación sería la apropiada, y comparaba legislaciones extranjeras con los proyectos legislativos nacionales, leo en un matutino un caso de aplicación de NTR que me llevó a una profunda reflexión.
Dicho matutino dá a publicidad el caso de la Sra. Rosanna Della Corte, que con 63 años de edad, se convirtió en la madre de mayor edad del mundo. Explicita la nota que el embarazo se produjo a través de una fecundación con el esperma de su esposo, de 65 años, y el óvulo de una donante.
Continúa la nota aclarando que "la madre-abuela" (así fue llamada por la prensa italiana), decidió volver a ser madre a pesar de su edad avanzada, después de haber perdido a su hijo Ricardo de 17 años en un accidente de moto.
En entrevistas televisivas realizadas antes y después de comenzar el embarazo, Rossanna Della Corte manifestaba que estaba "desesperada" por tener un hijo y que al bebé le pondría el nombre de su hijo muerto: Ricardo.
La nota identifica al médico que intervino en el proceso de inseminación artificial el Dr. Severino Atrinolli, que no era la primera vez que participaba en nacimientos de 'hijos-nietos'.
Mis dudas, a partir de la lectura de ésta nota parecían que no iban a acabar nunca. ¿Qué pasaba por la mente de los protagonistas de ésta historia?, ¿qué significaba el conseguir de cualquier forma un lujo al cual se deseaba desesperadamente?, ¿qué significado podía tener ponerle a la criatura recién nacida el mismo nombre de su hermano muerto?
Tratando de situarme en la piel del facultativo interviniente pensaba si se había hecho algún cuestionamiento.
¿Tenía conciencia que había "ayudado" a traer al mundo a un niño que transitando probablemente su vida, quizás primera, década de vida quedaría huérfano? ...y mis dudas continuaban, cuándo en el mismo matutino leo otra noticia donde vuelve a ser protagonista el Dr. Antinoli: la famosa tenista Martina Navratilova, quien le manifiesta abiertamente su condición de lesbiana, solicitó a dicho profesional ser inseminada artificialmente con esperma de donante, haciendo público que criaria al niño/a con su pareja.
Concepción, Creencias y Prácticas en Torno al Aborto en Parteras del Area Rural del Estado de Morelos
Julia Blanco Muñoz, Maestra en Salud Pública
Xochitl Castañeda Camey, AntropólogaUna de las características más interesantes que presentan las áreas rurales de México desde el punto de vista de la oferta de servicios de salud, es la coexistencia de la llamada medicina tradicional con los servicios institucionales de salud. Dentro de los ofertadores de servicios del sector tradicional, la partera es una figura fundamental en lo que se refiere a la atención del embarazo, el parto y el puerperio de las mujeres que viven en las áreas mencionadas. Con frecuencia se piensa que el saber de la partera es eminentemente empírico o práctico; no obstante, y sin dudar de la importancia de la empiria en la labor de la partera, no es menos cierto que su saber no sólo está excento del elemento teórico, y creencias sobre la reproducción, de manera que la partera condensa en su persona a la terapeuta práctica ya la vocera de una ideología, sea que ésta se encuentre impregnada de elementos tradicionales, sea que reproduzca las modalidades conceptuales y técnicas del modelo médico-académico (Mellado V., 1989). Por otra parte, desde hace tiempo se reconoce, desde instancias oficiales, la importante labor que llevan a cabo las parteras en las comunidades rurales e incluso en las zonas conurbadas y urbanas atendiendo a las mujeres de más bajos recursos. En el caso de México, el caso de la partera es particular; en efecto, el reconocimiento de la partera empírica constituye un hecho que no tiene equivalente en el resto de los terapeutas tradicionales. A diferencia de los programas que reconocen, apoyan o asesoran a las parteras, no existen planes o proyectos semejantes para hierberos, hueseros, etc.
De este modo se han desarrollado diversos programas de adiestramiento a parteras tradicionales con el fin de disponer de un recurso humano capacitado y que es accesible geográfica, económica y culturalmente las mujeres de las comunidades. No obstante, cualquier programa de adiestramiento a parteras debe tener como punto fundamental de referencia el conjunto local de creencias y prácticas asociadas al embarazo ya todo lo que le rodea para, en la medida de lo posible, evitar conflicto innecesario con los patrones culturales locales los elementos de la cultura local y detectar prácticas corrientes y potencialmente peligrosas que deben (Kelly I. 1995). Ahora bien, si es cierto que la labor de la partera en lo referente a la atención del embarazo, el parto y normales se ha documentado en diversos estudios, se poco del papel que juega aquélla en otros eventos de la salud reproductiva de la mujer, como por ejemplo en el tema que nos ocupa: el aborto.
Una visión panorámica de los temas actuales en sal de la mujer es incompleta si no se hace referencia al polémico tema del aborto. En el país se estima que ocurren aproximadamente 4,200,000 embarazos por año, de los cuales sólo llega a término el 60%, el resto, se pierden en sus etapas tempranas. Es conveniente señalar que, según cálculos conservadores, la mitad de estas pérdidas se refieren a abortos inducidos; en el mismo tenor, en la Encuesta Nacional sobre Fecundidad y Salud 1987, una de cada seis mujeres en edad fértil declaró que había tenido un aborto espontáneo o inducido alguna vez en su vida. Asimismo, según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) las complicaciones por aborto ocupan el cuarto lugar en cuanto a motivos de hospitalización. Por la misma causa se ocupan 1500 camas diarias y el promedio diario de incapacidad laboral es de 10 diarias, lo que determina un impacto notable en la fuerza de trabajo femenina (López Raúl, 1993}. En México el aborto supone, para 1990, la cuarta causa de muerte materna (CEPS) y en América Latina, las complicaciones del aborto ilegal se considera que son la primera causa de muerte en mujeres entre 15 y 39 años.
No hay que olvidar, tampoco, que la experiencia del aborto es un hecho traumático en la vida de una mujer y que condiciona su experiencia reproductiva ulterior. Así pues, la magnitud y trascendencia del problema justifica el que se desarrollen investigaciones acerca del mismo. Por otra parte, cabe suponer que el riesgo de complicaciones o de muerte por aborto, ya sea éste espontáneo o provocado, se incrementa entre las mujeres del área rural y de bajos recursos por cuanto tienen menos posibilidades de acceder a los servicios de salud. Son precisamente estas mujeres las que, en una gran proporción, son atendidas por parteras, las cuales, debidamente adiestradas al respecto, podrían contribuir a disminuir la mortalidad y la morbilidad por aborto.
Desde este punto de vista y con el propósito de conocer la percepción, recursos y prácticas en torno al aborto en el área rural del Estado de Morelos se realizó una investigación de tipo cualitativo en la que se entrevistó en profundidad a nueve parteras pertenecientes al municipio de Yecapixtla. Lo anterior se complementó con un grupo de discusión focal en el que participaron ocho parteras. Asimismo se hizo observación participativa durante el desarrollo del levantamiento de información (Octubre 1995-Marzo 1996).
Los tópicos indagados en las entrevistas fueron:
Condiciones de vida Cuestiones de género (roles para mujeres y hombres de acuerdo a los paradigmas populares de la identidad de género; implicaciones y expectativas sociales: atribuciones masculinas y femeninas).
Sexualidad y reproducción (conductas, prácticas y significaciones relacionadas con la sexualidad, embarazo, parto, contracepción y aborto; motivaciones para la interrupción de embarazo).
Aspectos socioculturales (significado de los mitos, leyendas y narraciones sobre sexualidad, ciclo reproductivo, interrupción del embarazo; papel de las instancias normativas, con énfasis en la familia y la Iglesia).
Aspectos de salud (modelos explicativos y patrones de búsquedas de atención; estructura, proceso y resultado de la atención de aborto desde el ámbito de las prestadoras informales y las usuarias; percepción de riegos; planificación familiar). La participación de las parteras fue voluntaria y se garantizó el anonimato y confidencialidad de la información.
Las características de las parteras a las que se les realizó entrevista en profundidad son: edad promedio de 46 años, agrupadas en dos polos de edad, con cuatro parteras menores de 30 años y el resto mayores de 60. Dos de estas parteras estaban solteras, seis casadas o en unión libre y una viuda; dos no tenían hijos y el resto sí. Cuatro de las parteras llevaban menos de 10 años de experiencia.
En cuanto a las participantes en el grupo focal, la edad promedio es de 50 años, todas alguna vez casadas o en unión libre y con experiencia de embarazo. El 50% eran analfabetas. La totalidad de las parteras habían recibido algún curso de capacitación por parte de instituciones del sector salud (Secretaría de Salud, Instituto Mexicano del Seguro Social e Instituto de Salud Pública).
Todas las parteras distinguen entre aborto espontáneo y provocado. El primero se conceptúa como un fracaso de la mujer en su función principal que, en estas comunidades, es la reproductora: El segundo se conceptúa como un asesinato o un pecado grave y se refieren al mismo como "ya tiró al hijo", "ya se comió el hijo", si bien la primera expresión se aplica también a las mujeres con aborto espontáneo. Asimismo, las mujeres que recurren al aborto provocado son llamadas "perras", "puercas", "cochinas" y estos dos últimos apelativos se extienden a las mujeres que abortan de forma repetida, aunque sea involuntariamente, porque dichas mujeres "no saben tener hijos", "no se cuidan para no abortar". Así, en cualquier caso la mujer que aborta es responsabilizada y culpabilizada por dicho evento. Con respecto a las causas de aborto espontáneo, las parteras mencionaron de forma reiterada los "antojos", deseos compulsivos que las embarazadas sienten, generalmente (aunque no siempre) por algún alimento. Cabe señalar, que en muchos lugares, no sólo en México, sino en América y Europa, la denominación se extiende, por metonimia, al signo externo que se supone que aparece como consecuencia del antojo no satisfecho, casi siempre una mancha facial. Otra aclaración que conviene hacer es que se cree que es el niño y no la madre quien desea ver satisfecho el antojo. La no satisfacción del mismo puede, pues, conducir al aborto.
Otras de las causas mencionadas por las parteras son la "cadera o la cintura abiertas", la "naturaleza baja" (débil), la mala alimentación, las caídas, los golpes o el desarrollo de trabajos pesados, especialmente la carga de objetos, cuando las mujeres están embarazadas.
En cuanto a los motivos que llevan a las mujeres a buscar un aborto inducido, las parteras se refirieron sobre todo a las desavenencias conyugales, los problemas económicos y los hijos concebidos fuera de una unión estable. En ningún caso justificaban el aborto "si se lleva mal con el hombre, pues que lo dejen, pero que tengan el hijo", "problemas económicos siempre los ha habido, si no tienen para el hijo que lo regalen, hay muchas personas que pueden quedarse con él".
Sólo una de las parteras manifestó que justificaría la inducción de un aborto en caso de peligro para la vida de las madre, malformación congénita o violación. Piensan que, en general, son las mujeres solteras las que más recurren al aborto provocado, aunque también se da en mujeres casadas o con pareja estable "si una mujer casada quiere abortar, debe ser porque el hijo no es de su marido", expresan.
Todas las parteras afirman haber recibido señoras que acuden a ellas con el objeto de que les ayuden a "tirar el hijo". Naturalmente, y en consonancia con todo lo expresado anteriormente, las parteras niegan que ellas practiquen abortos, además dicen desconocer maniobras o remedios abortivos, aunque mencionan la sonda o el legrado. Generalmente, las mujeres que acuden con esta demanda lo hacen solas o acompañadas de otra mujer, que por lo regular no pertenece al núcleo familiar (las mujeres no quieren que su familia se entere de que quieren abortar).
En ningún caso el hombre ignora que su mujer está embarazada, aunque reconocen que, en ocasiones, es el que induce a la mujer a abortar: Con respecto a la percepción de riesgo, las parteras afirmaron que las mujeres conocen que abortar puede ser peligroso, pero que si están decididas lo hacen de cualquier modo "se van a buscar donde".
Pese a que las parteras afirman que no practican abortos, la mayoría utiliza remedios para "regular la regla" o hacer que esta se presente cuando ha habido retraso, siempre que el mismo sea menor a un mes y que no se tenga certeza de embarazo. Entre los remedios que mencionan las parteras tenemos: el té de yerbadulce, el zopacle sólo ó con chocolate caliente o epazote, el té de manzanilla, el té de orégano, el jugo de sábila con zopacle e incluso las inyecciones de hormonas (mencionan Metrigén Fuerte y Progera). Dicha práctica no se considera como abortiva y, si finalmente se presenta la regla se interpreta como que, en efecto, la mujer no estaba embarazada; es decir, el uso de dichos remedios vendría a ser una forma de diagnosticar el embarazo.
Por otra parte, en cuanto a la atención de mujeres que llegan ya con un aborto o con una complicación por el mismo (generalmente una hemorragia), la actitud que asume la mayoría de las parteras es la de remitir a la mujer a algún centro médico. Este comportamiento es similar, ya se trate de un aborto espontáneo o inducido. Sólo una de las parteras mencionó que ponía suero glucosalino para estabilizar a la señora en tanto pueda recibir atención especializada. Las razones que aducen las parteras para actuar pasivamente son el desconocimiento de la terapia a seguir en dichas situaciones y el temor a verse comprometidas ya que se piense que son "aborteras". Además, las parteras no ignoran que el aborto inducido es un hecho penalizado por la ley, lo cual retuerza aún su inhibición. No obstante, la totalidad de las parteras manifestaron que es necesario ayudar a las mujeres que acuden con una complicación por aborto "sería inhumano dejar morir a una persona" y muchas de ellas manifestaron que les gustaría conocer medidas que permitan que las mujeres afectadas lleguen en las mejores condiciones a los servicios de salud, donde puedan recibir atención específica.
En conclusión, se advierte en las parteras una marcada actitud de rechazo hacia el aborto, la cual es mucho más acentuada cuando se trata del aborto inducido. A pesar de ello, encontramos que existen máscaras culturales para permitir, de forma solapada, el aborto, como por ejemplo el uso de remedios para que "baje la regla".
Pese a dicha actitud de temor y rechazo, las parteras muestran una buena disposición en lo referente a aquellas medidas que permitieran disminuir el riesgo de muerte o de consecuencias ulteriores en las mujeres afectadas, dado que la partera es, en el medio rural, un personaje fundamental en lo que se refiere a la salud de la mujer. Se recomienda que se realicen programas que capaciten a las parteras en la detección oportuna de aborto y en el manejo urgente de las complicaciones por el mismo. Asimismo, generar mecanismos para que la referencia y contra referencia de pacientes se dé e forma ágil y eficaz.
Se recomienda, también, que las capacitaciones sean sometidas a un proceso de evaluación con el fin de medir el impacto de las mismas en la práctica.
Por otra parte, dado el temor que expresan las parteras ante los problemas legales a los que podrán exponerse en la atención de aborto, las instituciones deberían garantizarles su apoyo incondicional al respecto.
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