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ABORTO - Noviembre 2000.

CENDOC - CIDHAL.

Género y Derechos Humanos *

Tema de Lecturas Noticias.

Maternidad voluntaria

Para que la maternidad pueda ser libre y voluntaria es imprescindible dar cumplimiento al artículo 40 Constitucional que dice: «toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y espaciamiento de hijos». Sin este derecho consciente y moral no se ejerce y no se dan las condiciones sociales, económicas, políticas y jurídicas que lo hagan posible, la Constitución es letra muerta.

 

Propuestas

- Una educación sexual encaminada hacia la comunicación y el placer humano.
- Anticonceptivos seguros sin ninguna posibilidad de que fallen, así como buscar que no sean perjudiciales para quienes los usen.
- Educación sin doble moral, sin falsos pudores para un real ejercicio del sexo seguro, posibilitando que hombres y mujeres practiquen su sexualidad evitando el contagio del Sida.
- Mejoramiento de los servicios de salud pública con el objetivo de asegurar que las mujeres que van a parir reciban el tratamiento adecuado.
- No discriminación a las mujeres trabajadoras cuando están embarazadas, lo que implica la total prohibición de exámenes de gravidez para cualquier mujer cuando se presenta a solicitar empleo y un alto a los despidos de las mujeres cuando más requieren de un ingreso seguro para alimentar a sus hijos.

 

El aborto como derecho a terminar con un embarazo no deseado

Guillermina Astudillo Rodríguez

Secretaria del Movimiento de Solidaridad Contra la Violencia Sexual en Guerrero, A.C. (MOSOCOVIS, A.C.).

Para tratar el tema del aborto como problema de salud debe partirse necesariamente de la condición de ilegalidad en que se practica. Tal condición determina que el aborto represente para la mayoría de las mujeres que recurren a él, un importante riesgo para su salud y, en ocasiones, también para su vida. A pesar de las restricciones legales, morales, religiosos, la práctica del aborto es en México un problema al que se enfrentan miles de mujeres. Representa un importantísimo problema de salud pública, debido a su elevada frecuencia, a la gravedad de sus complicaciones y a los altos costos qué para las instituciones públicas de salud implica su atención. El aborto constituye en México un problema que revela las grandes desigualdades que existen en México: es un privilegio médico e higiénico, pero representa una situación humillante y altamente peligrosa para las mujeres que carecen de recursos económicos, información o de acceso a servicios de salud con una mínima calidad.

En la actualidad existen técnicas modernas, seguras y sencillas para interrumpir el embarazo en etapas tempranas, por lo que en condiciones adecuadas el aborto implica riesgos mínimos para la salud o la vida.

Cuando el aborto es legal y se utilizan técnicas como la succión representa uno de los procedimientos quirúrgicos más seguros, cerca de once veces más seguro que una amigdalectomía. Por otro lado, el desarrollo de medicamentos como el RU-486, utilizado actualmente en Francia y en China, y en proceso de aprobación en varios países más, transformará sustancialmente la práctica del aborto; el uso de esta droga disminuye o elimina las posibles complicaciones del aborto quirúrgico, como las perforaciones, los problemas debidos a la anestesia o las infecciones. El RU-486 ha motivado una controvertida discusión y es aún objeto de numerosas investigaciones, pero existen ya algunas evidencias importantes sobre su seguridad y eficacia, así como sobre la amplia aceptación que ha empezado a ganar por parte de las mujeres.

La realidad es muy diferente. La mayoría de los abortos en México se realiza en forma clandestina; muchas veces con técnicas peligrosas, en malas condiciones de higiene, y por personas con poca calificación o que carecen de ella. Como resultado la incidencia de complicaciones es elevada y en muchos casos requieren atención médica de urgencia. Los recursos que se emplean para atender estas emergencias, innecesarias y en ocasiones fatales, representan un alto costo para los ya de por sí sobrecargados e insuficientes servicios de salud. Un aborto complicado puede implicar, además de un elevado riesgo para la vida, días o semanas de internamiento, intervenciones quirúrgicas de emergencia, transfusiones de sangre, medicamentos, etcétera. En cambio, un aborto practicado en condiciones higiénicas y por personal capacitado y con experiencia, sea por aspiración y aun por legrado, no requiere hospitalización y en la mayoría de los casos tampoco medicamentos.

En una publicación editada en 1980 se estimaba que la cifra anual de abortos en el mundo era de 30 a 50 millones. Alrededor de la mitad eran ilegales y más de la mitad de éstos ocurrían en los países en desarrollo.

Se calculaba que cada año morían 84 mil mujeres por complicaciones del aborto ilegal, y se señalaba que la incidencia del mismo tendía a aumentar. Otra fuente fechada en 1989, indica que el número de muertes por aborto en el mundo alcanza una cifra de 200 mil; apunta también que en las áreas urbanas de los países latinoamericanos parece haber una disminución de las defunciones maternas por aborto, debido a que hay más médicos capacitados y a que muchos de ellos utilizan el método de succión; sin embargo, la frecuencia de las complicaciones sigue siendo alta. La práctica clandestina del aborto es un elemento de gran peso en la existencia de cifras elevadas de mortalidad materna, indicador que se construye a partir de las muertes que ocurren como consecuencia del embarazo, el parto y el puerperio. La experiencia de distintos países indica que cuando el aborto es legalizado y practicado en condiciones seguras y por personal capacitado, las cifras de complicaciones y de muertes disminuyen en forma acentuada.

En los Estados Unidos, por ejemplo, murieron 90 mujeres en 1972 por complicaciones de aborto; en 1974, un año después de que se legalizó, la cifra, descendió a 53; para 1985, ocurrieron sólo 7 muertes. Otro caso es el de Inglaterra, donde antes de la legalización del aborto en 1967 1a cifra anual de defunciones por esta causa era de 50, las cuales disminuyeron a 5 en 1978. Por el contrario, en países donde la legalización se ha modificado para hacerla más restrictictiva se ha observado que las complicaciones y las muertes por aborto aumentan en forma muy importante y a corto plazo. En Rumania, las restricciones a la ley causaron un aumento en el número de muertes atribuidas al aborto; de 64, en 1965; a 170, en 1967; para 19761 la cifra se elevó a 432 defunciones.

En países como México, donde la practica del aborto es ilegal hablar de estadísticas sobre su incidencia y sobre la mortalidad que provoca resulta un problema difícil. Dada la clandestinidad en que se practica, sólo se registran los abortos complicados que llegan a las instituciones públicas de salud y quedan fuera todos los que se realizan en hospitales y consultorios privados, así como aquéllos que se practican por personal no profesional o por las mismas mujeres.

Es importante señalar que el acceso, la seguridad y la eficacia de los métodos anticonceptivos actualmente disponibles influyen directamente sobre la alta incidencia del aborto inducido en México. La Encuesta Nacional sobre Fecundidad y Salud en 1987 reportó que un 13.4 por ciento de mujeres se embarazaron utilizando algún método anticonceptivo. Por otra parte, el 28 por ciento de las mujeres que tenían vida sexual activa no los usaban porque no los conocían o porque no sabían cómo se usaban y dónde obtenerlos. Otro 18 por ciento dejó de utilizarlos por los efectos secundarios que les habían causado o porque temían sufrirlos; el 7 por ciento no la usaba "que por desidia". Sólo un 19 por ciento de las encuestadas indicaron que no utilizaban métodos anticonceptivos por el deseo de tener más hijos.

Aunque no hay en la actualidad estudios que permitan delimitar confiablemente la magnitud real de la problemática del aborto en el país, existen algunas evidencias que indican que representa un problema social y de salud pública de gran importancia.

En 1976, el Grupo Interdisciplinario para el Estudio del Aborto en México, conformado a instancias del Consejo Nacional de Población, estimó una cifra promedio de un millón de abortos clandestinos cada año. De acuerdo con información del Sector Salud, la proporción de embarazos que en el bienio 1979-1980 terminaban en abortos (aunque no se puede diferenciar si fueron inducidos o espontáneos), era de alrededor del 20 por ciento.

La Encuesta Rural de Planificación Familiar de 1981 mostró que una de cada cinco mujeres de las zonas rurales del país había tenido por la menos un aborto. La Encuesta Nacional de Fecundidad y Salud de 1987 indicó que una de cada seis mujeres en edad fértil había tenido un aborto durante su vida reproductiva. Debe aclararse que en ambos casos las estadísticas no permiten distinguir entre abortos espontáneos e inducidos.

Por otro lado, cifras de cuatro instituciones públicas de salud (SSA, DDF, IMSS e ISSSTE), muestran que entre 1984 y 1986 el aborto representaba la tercera causa de morbilidad hospitalaria a nivel nacional en las mujeres. Tan sólo en el IMSS se atendieron 61985 abortos en 1986.

En los últimos años las muertes por complicaciones de aborto han disminuido pero éste continúa siendo la cuarta causa de mortalidad materna en México.

Cabe hacer un breve comentario sobre el manejo de la información sobre el aborto, pues sensibilizar a un número cada vez mayor de mujeres, a la población general o a los profesionales médicos sobre la necesidad de legalizarlo, requiere un manejo cuidadoso de los datos y en general de la información o los argumentos que se utilicen.

En la prensa y en diversas publicaciones aparecen constantemente cifras y comentarios sobre la alta incidencia del aborto, y sobre sus implicaciones a distintos niveles. A través de dichos medios se han difundido artículos y reportajes de gran valor sobre las repercusiones médicas y sanitarias del aborto ilegal. Sin embargo, en no pocas ocasiones han aparecido datos cuyas fuentes son dudosas, las más de las veces con fines amarillistas y por parte de personas sin relación con los movimientos de mujeres o con interés por nuestros derechos.

Pero otras veces, también se han difundido datos falsos, o de dudosa contabilidad, con el propósito de promover una mayor atención sobre el problema, con el objeto de ganar adeptos a la causa de la legalización, o simplemente como resultado de la desinformación sobre el problema.

Un trabajo reciente señaló que e140% de los artículos que contenían cifras sobre el aborto inducido que se publicaron entre 1974 y 1982 en siete periódicos nacionales, no mencionaban las fuentes de dónde éstas fueron obtenidas.

Es importante señalar que es vital contar con información confiable sobre el aborto, pues ello permitiría mostrar con mayor objetividad la relevancia de un problema sanitario que requiere soluciones urgentes. Sin embargo, por su compleja naturaleza, el aborto es un problema cuyas implicaciones son de índole diversa (sociales, psicológicas, morales, médicas, sanitarias, demográficas), y que transciende el ámbito de la salud.

Sin restarles valor a los aspectos médico-sanitarios en el debate sobre la legalización del aborto, tenemos que insistir en que los argumentos centrales de la pelea deben orientarse en lo fundamental a su reivindicación como derecho de las mujeres.

Para concluir, cabe citar que la falta absoluta de cifras confiables ha motivado que los grupos que piden aborto libre y gratuito, hayan decidido restar importancia a las cifras, ya que en realidad la lucha no es en función de si mueren cien mujeres o cien mil, de si abortan uno o cinco millones. La lucha es en función del derecho que cada mujer tiene a decidir cuándo desea llevar a término un embarazo no deseado.

 

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* Genero y Derechos Humanos. CIDHAL. México 1998.

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